Sobreviviendo en una jungla de “malos modales”: historia real de una mexicana demasiado educada.

BufferShare

Cuando creces en México pasas la mayor parte del tiempo escuchando a los adultos recordándote lo mal educado que eres, escuchas todo el tiempo cosas como: di buenos días, buenas tardes, saluda al señor, dale un besito,  da las gracias, ¿cuál e es la palabra mágica? (cuando pides  algo y no has dicho por favor) o, mi favorita, ¿acaso dormimos juntas? Si es que ves a alguien y no dices propiamente buenos días, cómo dormiste, o cómo estás hoy.

Pues sí, habiendo nacido en México me acostumbré a este constante intercambio de frases “educadas” que se dicen incluso a los extraños y aún cuando realmente no nos interesa saber cómo pasó la noche la otra persona.  Para mí esta “small talk” era parte de mí día a día y jamás me detuve a pensar que tal vez no era así en todo el mundo, que esta amabilidad era exclusiva de los mexicanos.

rsz_1dany1

Les cuento esto para que puedan entender mi asombro  y  uno que otro coraje que hice al llegar a Alemania por primera vez.  Emocionada como estaba, me paseaba por las calles de la ciudad con una sonrisa y saludando a quienes  me atendían en alguna tienda  o a quienes tenía que preguntar alguna dirección o referencia. Guten Morgen! Guten Tag! Con mi poco alemán de entonces yo era muy feliz siguiendo mi tradición mexicana, no obstante, no pasó mucho tiempo hasta que empecé a notar que la respuesta de las personas con las que interactuaba no era la que yo estaba esperando.  Pocas veces recibí una sonrisa de su parte después de mi alegre ¡buen día!  Decirle “salud” a las personas en la calle después de oírlas estornudar, solo ocasionó más de una mirada de desconcierto y una que otra risilla, no podía creer la ironía y, si bien es normal que en el metro te lleves más de un empujón, aquí las personas aplicaban en verdad el ¡quítate que ahí te voy! ¿Qué, acaso es muz difícil decir con permiso?

rsz_1dany2

Pero el momento que me hizo entrar en razón fue cuando saludando a mi nueva amiga alemana, a la que conocí desde mi primer día aquí y a la que ya consideraba mi amiga, le di un abrazo como lo haría con cualquier otra y su reacción fue quitarse casi de inmediato.  ¿Acaso  no éramos amigas? ¿Estaría enojada por alguna razón? Pues ¡No! Simplemente teníamos dos culturas muy diferentes y para ella no era común abrazar a alguien á quien lleva poco de conocer.

Fue ahí cuando todo hizo “click”, yo estaba en un país diferente y lo que para mí era común para ellos resultaba raro e incluso tal vez, grosero.  Ellos no estaban siendo mal educados, tal vez era yo  la que estaba siendo muy educada, o simplemente, mexicana.

Desde entonces empecé a ser consciente de estas diferencias y aún me divierto cada vez  que encuentro una nueva, o cada vez que alguien estornuda y yo inevitablemente digo ¡Gesundheit! Y entonces veo su cara de  sorpresa.

banner_es[English]

You might also like:

BufferShare

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *


*