El elogio a la siesta

Otra de las palabras que la costumbre y el idioma español han lanzado por el mundo es la “siesta”. La siesta, que en un principio ha tenido muy mala fama, es un periodo más o menos corto en que uno se relaja hasta los umbrales del sueño. Hay siestas cortas (apenas dar unas cabezadas), hay siestas largas y profundas, en cualquier sitio o a cualquier hora, preferentemente después de comer y huyendo de de las horas de calor del verano español.

En general la siesta interrumpe por unos minutos la jornada de trabajo y permite seguir trabajando con energías renovadas. Los ingleses han adoptado las expresiones “to have a doze” y “to have a nap” y se cuenta que Winston Churchill fue un gran aficionado a la siesta y que durante la segunda Guerra Mundial ni en los momentos más terribles de la misma prescindió de esta costumbre.

Hoy día la siesta se ha popularizado y se la califica de beneficiosa para la salud porque rompe el ritmo estresante de una larga jornada de trabajo. Incluso hay grandes empresas que habilitan locales apropiados para que sus empleados echen una pequeña siesta.

También puede uno echarse una siesta durante una conferencia (aunque esto no guste mucho a los conferenciantes) o delante de la televisión que emite en horario de sobremesa programas propicios para dejarse invadir por el invencible sopor que cierra los párpados y despeja la mente. Pero no todo el mundo estaría de acuerdo con esta última afirmación puesto que hay quien se despierta de la siesta, al igual que por la mañana, de muy mal humor.

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