El español neutro

El español neutro es una variedad de la lengua española empleada extensamente en las traducciones y los doblajes, sobre todo, por las compañías trasnacionales. Se llega a escuchar entre las más de 400 millones de personas en los 21 países donde el habla hispana es una lengua local.

El español neutro o estándar se utiliza con el fin de eliminar los rasgos fonológicos regionales de los hispanohablantes. Así mismo, consiste en aplicar un conjunto de formas gramaticales que constan de variaciones mínimas en la lengua. También, se excluye el vocabulario rebuscado, logrando así, un contexto en un español comprensible, conciso y neutro.

Esta variedad de la lengua no es un tema nuevo. Sin embargo, como toda novedad, ha sido un tema fértil de controversias, sobre todo, entre los que dicen ser los “dueños de la lengua.” En la actualidad el español neutro se escucha con mayor frecuencia por la dimensión tan extensa que los medios de comunicación abarcan, y debido a que las agencias de traducción lo usan cada vez más, a la par del inglés estándar, que es otra lengua que goza mundialmente de variedades fonológicas y lingüísticas.

Como cualquier otra lengua ampliamente hablada, el español no es uniforme; en cada país hispanohablante y en cada una de sus regiones, se le añaden sazones gramaticales que crean una colorida gama sociolingüística con rasgos léxicos únicos, además de agregarle diversidad a la pronunciación.

Por ejemplo, cuando los argentinos se van a trabajar, dicen que van a “laburar”. Sin embargo, en México de manera coloquial dicen que se van “a chambear”, y en Chile, que se van “a la pega”. Si en México dice uno “laburar”, no le entenderán, y “la pega” se relaciona con el pegamento, o con el verbo “pegar”.

Es así como bien se justifica el objetivo de recurrir al español neutro, el cual, no es una lengua idealizada que pretende sustituir a las variedades del idioma. Su fin es claro. El español neutro intenta ser un modelo de comprensión y adecuación entre los hispanohablantes en todo el mundo.

Viviana Mejenes-Knorr
http://artofwordsbiz.wordpress.com/

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7 thoughts on “El español neutro”

  1. supongo que el fin que se persigue no es malo. sin embargo veo difícil que pueda hacerse algo así. En el ejemplo citado, es posible que tanto en España como en Latinoamérica se comprenda la palabra trabajar. sin embargo hay muchas otras en las que no hay acuerdo posible: O se coge el término español o el -o los- sudamericano/s. ¿Cómo llamamos a los automóviles? ¿Coches o carros? ¿Automóviles? ¿No es excesivamente pedante?

    Por cierto, que al hilo de lo anterior, no sé lo que entendería un argentino si leyera mi frase de “O se coge el término español…” En definitiva, que me cuesta creer en variedades neutras. Más bien lo veo como un invento de los que cortan el bacalao en la industria publicitaria y cultural para gastarse menos dinero en traducciones, aunque sea al precio de prestar unos servicios de menor calidad.

  2. Gracias I.g. por el tiempo que tomaste en leer esto – mas que nada, esto ámbitos sociolinguisticos suceden como una respuesta para el entendimiento. El castellano es un lenguaje que se debe a la ‘mezcolanza’ de otros, del fenicio, del latín… en corto, si debemos encontrar una manera de poder comunicarnos en esta lengua con todo tipo de ‘mezcolanza’, vaya que encontrar como muleta al español neutro, pueda ser una buena iniciativa.

    Ninguna lengua, ni ninguna vida es pura. La pureza no existe ni en la mas remota cultura… y eso es digno de celebrarse.

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  7. Como bien explica Viviana, no se trata ¡para nada! de emular a Craig Venter y crear una vertiente lingüística de su invento, vivo y nuevo pero sintético, sino de facilitar comunicación. Es, si se me perdona la comparación, algo así como servirse de una expresión lingüística del concepto de ‘lenguage políticamente correcto’ que sencillamente busca evitar problemas de comunicación radicadas en la forma, que no el contenido del texto.

    Sería absurda hasta la mínima ambición de buscar un estatus más o menos oficial del ‘español neutro’ al que se refiere. Para empezar, y desde un punto de vista más bien ortodoxo, ya que la propia Asociación de Academias de la Lengua Española reconoce la feliz variedad existente en y propia de nuestro idioma esencialmente común. Se traduce bastante bien lo que dijo Churchill al respecto, aquello de tener en común un idioma que tanto diferencia a sus hablantes en sus respectivos países. O sea, que precisamente se pretende evitar impresiones de pedantería.

    Ahora bien, al igual que opino que traducciones de poesía son obras de monjes geniales, el crear – o recrear, según se mire – una versión de un texto en ‘español neutro’ es propio de un oficio aparte. Sin duda, es un empeño dificilísimo, y no siempre el resultado acaba de convencer, por lo que acabaría baldío el ejercicio.

    Pero quizá también cabe reseñar que ha de situarse en su contexto debido: no tiene ningún sentido ¡para nada! plantearlo para su uso en un país determinado, sino en varios. De hecho, existe una tradición bien radicada en compañías informáticas como es Microsoft (entre muchas) que emplean un concepto que personalmente llamaría de ‘bloques isolingüísticamente neutrales’ en los que se engloban zonas más comparables. No escasean precisamente ejemplos de referencias a ‘español latinoamericano’ y ‘español de España’ como una opción de personalización por el usuario. Con ese recurso, al menos se suavizan posibles desconexiones (o cacofonías léxicas, tanto monta) al usarse por ejemplo carro, coche, y auto de forma entremezclada (que sería una forma más de resolver el escollo).

    Sin embargo, sí hay un caso muy particular, en el cual el pensar (o peor, hablar en voz alta) en términos de desarrollar textos en ‘español neutro’ causa auténticos encontronazos: es el caso de los EE.UU.; sí, el mismo país al cual en el lado izquierdo del Atlántico se refiere más bien como los EUA. Lo curioso es que aquel país, que desde hace años también es mi hogar, tiene más hispanohablantes que por ejemplo España, mucha más diversidad lingüística, y sin embargo un desapetito por lo general potente por dejar que limpie y fije una institución huérfana, aunque idónea para el caso: la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Si acaso nos empeñamos en buscar un territorio idóneo donde soltar aquel sintético vivo sería aquí, al menos desde un punto de vista pragmático (créanme, como intérprete jurado me costaría adaptarme al argot peculiar y corriente entre descendientes cubanos…) Lo dicho: es, y sería, un ejercicio estéril el intentar dar vida artificial a algo que es poco más que una muleta.

    Y sin embargo, ahí queda la paradoja de tener aquel ‘español neutro’ un grado de acepción en el plano internacional, sin poder darse por aludido ningún país en particular, aunque abundan ejemplos por doquier. Un curioso caso de una ‘realidad incómoda’ producto precisamente de un esfuerzo de no causar asperezas… Cosas de un traductor más o menos enloquecido, ya ven.

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