INMIGRANTES 2.0.

No sé de quién serán las palabras ni si las cito textualmente; solo sé que no podría estar más de acuerdo con ellas: “se puede sacar a las personas de su patria, no a la patria de las personas”.

Incluso en los mejores casos, la adaptación de un inmigrante a su país de acogida no suele ser total. Cada cultura es un mundo, y el vínculo entre una persona y la tierra que la vio crecer es prácticamente inquebrantable. Así, al igual que sus predecesores en la segunda mitad del siglo pasado, los inmigrantes españoles del siglo XXI mantienen lazos con su tierra y con su cultura, que ahora más que nunca se ven reforzados por las nuevas tecnologías y, cómo no, por las omnipresentes redes sociales.

Los inmigrantes de antes fundaban asociaciones culturales en sus países de acogida para mantener vivas sus tradiciones lejos de casa. Allí compartían muchos momentos de alegría –y alguna que otra pena– acomapañados de buenos platos y vinos de su tierra. Hoy en día, los inmigrantes siguen mitigando su nostalgia en muchas de estas asociaciones, pero las nuevas generaciones han encontrado otros puntos de encuentro: los grupos en las redes sociales. No hay más que buscar las palabras “españoles en” seguidas de casi cualquier gran ciudad o país del mundo para encontrar grupos de expatriados –en algunos se cuentan por miles– que se ponen en contacto y se comunican a través de estos medios. Aquí se plantean y se resuelven todo tipo de dudas sobre los trámites y la vida cotidiana en el extranjero, se organizan encuentros, se recomiendan actividades y se debate la actualidad, a veces incluso de forma algo acalorada.

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Las redes sociales, junto con los sistemas gratuitos de videollamada y de mensajería instantánea, también permiten que los inmigrantes no pierdan el contacto directo con su entorno más cercano. El hecho de poder hablar con sus seres queridos y compartir fotografías o vídeos con ellos en cualquier momento les ayuda a olvidar por unos instantes la distancia física que los separa. Además, los medios de comunicación digitales los mantienen al corriente  de todo lo que sucede en una sociedad que, en principio, iban a dejar atrás.

Todo esto parece contraproducente a la hora de aspirar a la adaptación total de la que hablábamos al principio, pero ¿cómo renunciar a algo que tienen tan al alcance de la mano? Probablemente, la clave para esa adaptación sea un equilibrio –casi utópico– entre la nostalgia por lo que dejan atrás y la ilusión por lo que les espera. Aunque, seamos francos, ¡nada como las novias y los novios autóctonos para acercarse a ella!

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