Lenguaje, marketing y publicidad

El lenguaje se ha hecho fundamentalmente para comunicarse sobre los más variados temas. Desde los más cotidianos a los más trascendentales. Pero en muestro mundo global, dominado por la competitividad y por el mercado, las palabras han adquirido una nueva función que es la de seducir al posible comprador (que en nuestra sociedad de consumo somos todos) a adquirir el producto ofrecido. Del marketing a la publicidad el lenguaje termina siendo una sucesión de epítetos cada vez más originales y grandilocuentes que terminan por desgastar el idioma al mismo tiempo que la sensibilidad del receptor.

Ya los viejos adjetivos bueno, malo, nuevo, original han perdido su eficacia y para vender desde un coche a un humilde limpiacristales se recurre a términos superlativos e incluso a neologismos inventados que a veces terminan entrando en el vocabulario usual de los hablantes. Empresas recurren a originales frases que hacen poca referencia al producto. Aquí unos cuantos ejemplos:

Just do it de Nike
Porque tú lo vales de L’Oreal
Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás MasterCard de MasterCard
Lo que pasa en las Vegas se queda en las Vega de Las Vegas#
¿Te gusta conducir? BMW

Todo esto es en parte bueno porque demuestra la vitalidad del idioma y su aspecto cambiante, es negativo en el sentido de que muchas veces cae en el disparate, en la cursilería y la estupidez (al emplear vocablos extranjeros más impactantes). En todo caso esta artificiosidad orientada en un solo sentido resta naturalidad y sencillez al lenguaje y a los auténticos fines para los que fue creado y ha ido evolucionando.

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