Los dueños de la lengua

Cada vez que una palabra extranjera amenaza con invadir nuestro léxico, celosamente protegido por la guardiana de la lengua española, la RAE, se genera un gran revuelo entre los países hispanos. Sin embargo, los extranjerismos no son el único punto álgido, a los hispanohablantes nos encanta debatir sobre nuestra pronunciación (‘Llave’ pronunciado por un argentino o por un mexicano), sobre la conjugación (‘ustedes’ y ‘vos’ en Latinoamérica y ‘vosotros’ en España), sobre el uso (coger / agarrar), etc. Y naturalmente estos debates hacen que la gente se pregunte: ¿Quién tiene la razón? Probablemente a nadie le gustaría admitir que su idioma, ese dialecto aprendido desde la cuna es incorrecto. Pero no hay porque preocuparse, pues todos tenemos razón.

Los hablantes damos forma a la lengua, somos los dueños de la lengua. Los verbos y sustantivos que usamos, la manera como pronunciamos y lo que leemos en libros célebres probablemente formó parte de la forma de expresión de personas poco educadas en otros tiempos. Como casi siempre la mayoría se impone y lo que una vez fue un lenguaje poco refinado ahora cubre las páginas de diccionarios e enciclopedias. Un ejemplo de ello es el uso de los pronombres personales vos, vosotros, tú y ustedes. En algún momento en la historia ‘vos’ era un pronombre de uso común en España, luego apareció el pronombre ‘tú’, y las personas comenzaron a usarlos indistintamente, pero finalmente ‘tú’ prevaleció en la mayor parte de las regiones de España. Sin embargo, ‘vos’ ya había llegado a América y su uso se mantuvo en algunas áreas, mientras que en otras se adoptó el ‘tú’ para seguir el ejemplo de España. El uso de ‘vos’ ya no es la regla en España, pero es perfectamente normal oírlo en Argentina. Nuevamente: lo que una vez fue el estándar ahora parece incorrecto y viceversa. Quizá el problema es que creemos que la Academia dicta la forma como debe usarse una lengua, pero en realidad son los hablantes los que tienen la última palabra. Los diccionarios y las enciclopedias son solo un archivo de todas las palabras usadas en un momento en el tiempo por un grupo específico, como una especie de álbum fotográfico con instantáneas del presente y el pasado.

Las lenguas evolucionan, y afortunadamente lo hacen, pues la evolución de las lenguas es también señal de nuestra evolución como sociedad; hace algunos años internet no se encontraba en nuestros diccionarios ni en nuestra vida cotidiana. Si el latín no hubiera evolucionado, si no se hubiera mezclado con otros dialectos de tiempos romanos, si sus hablantes no hubieran tomado parte en uno que otro sacrilegio lingüístico estaríamos aún hablando latín, y peor aun, nos estaríamos perdiendo de la riqueza de idiomas como el francés, el portugués o el español. Las reglas son necesarias, pero no deben ser impuestas a los pueblos por capricho estilístico. Las reglas son solo una explicación de los patrones observados en una comunidad de hablantes específica para ayudarnos a entender mejor por qué nos expresamos como lo hacemos. En mi opinión el uso está por encima de la norma, no podemos crear normas para etiquetar todo como correcto o errado sin caer en la subjetividad.

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