Paseo de una canaria por Hamburgo (I)

Crucé uno de los numerosos puentes erigidos sobre el río Elba, un río navegable que debido a su anchura alberga en su seno a grandes buques mercantes y a otros de medio porte. El escenario con el que me topé fue fascinante, vi aparecer en mi campo visual la nueva Filarmónica de Hamburgo, un edificio aún en construcción, realizado sobre un antiguo almacén portuario, obra del prestigioso estudio de arquitectura Herzon & de Meuron. A su alrededor edificios de ladrillo rojo: hoteles, teatros, cafeterías, viviendas, comercios y oficinas, separados por canales y comunicados por pasarelas. Hafen city, un nuevo rostro de Hamburgo, un proyecto urbanístico elaborado en el año 2000, y que se prevé que finalizará en 2025.

A lo lejos, observé las cúpulas de las cinco iglesias luteranas más importantes de Hamburgo: San Nicolás, San Miguel, Santa Catalina, San Jacob y San Pedro. Primero me dirigí a la iglesia de Santa Catalina pero no me pude adentrar en el interior ya que estaba en obras. Sin embargo, la peculiaridad de esta iglesia, su seña de identidad, es la aguja que la corona, que data del siglo XIII.

Muy cerca se encuentra, San Nicolás una iglesia de estilo neogótico, agrietada y herida. Esta iglesia bombardeada durante la II Guerra Mundial y conservada casi en ruinas en memoria de las victimas de la guerra y la persecución, aún es capaz de emitir de entre sus profundidades, un halo de vida a través de un carillon de 51 campanas que suenan revestidas de melodiosos acordes y que conmueve a sus oyentes. En el exterior se yergue, como símbolo de esperanza, “El ángel de la Tierra”, una hermosa estatua de bronce, creada por la artista hamburguesa Edith Breckwoldt, que representa una figura femenina que abre sus brazos hacia el cielo y que adorna su cuerpo con manos de diferentes tamaños en una clara alusión: ¡ven, que yo te guiaré!

Posteriormente fui a San Miguel, una obra alegórica, construida en ladrillos, cuya torre, restaurada en varias ocasiones, se caracteriza por su sobriedad y por su color oscuro. Alberga un reloj, el más grande de todo el país. Sorprende el blanco, la pureza del interior de la Iglesia, adornada con bordados dorados en las columnas, así como sus palcos, muy similares a los de un teatro clásico. En el exterior de la iglesia se halla una estatua de Martín Lutero.

A media tarde me acerqué al centro neurálgico de la ciudad, y paseé por los angostos pasillos comerciales. En las calles aledañas, me topé, casi sin darme cuenta, con San Jacob, iglesia discreta, desapercibida y mimetizada con el entorno en cromatismo y en textura.

Por último, visité San Pedro, revestida de gran solemnidad y elegancia. Es la iglesia más antigua de la ciudad, y así se mostraba antes mis ojos, erguida, importante, pero también cercana y accesible para los hamburgueses y para los visitantes de Hamburgo. Y en medio del bullicio, y a unos pocos pasos de San Pedro se halla el Ayuntamiento, punto de partida de mi próximo itinerario…

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